
CRECE LA POBREZA Y LA INDIGNACIÓN POPULAR RUMBO AL 2018
Tomás Oropeza Berumen
Las catastróficas consecuencias del terremoto de 8.2
grados Richter con epicentro en Tonalá, Chiapas (07.09.17) y de los huracanes
Irma, Katia y José, repercutirán por varios años en la vida de millones de
personas que ya de por sí han sufrido durante décadas la política económica implantada en México
siguiendo las directrices del Banco Mundial (BM) y el Fondo Monetario Internacional (FMI).
Según las poco confiables cuentas oficiales tan sólo en Chiapas y Oaxaca los afectados por el
movimiento telúrico rebasan los 2 millones y medio de personas, cifra a la que
hay que sumar decenas de miles de Morelos,Tabasco, Tlaxcala, Guanajuato,
Puebla, donde miles de casas, edificios,
obras de infraestructura, campos de cultivo, talleres, etc. quedaron en ruinas
total o parcialmente. Con lo que aumentará el desempleo y la miseria en el
país, en un grado mayor al calculado por el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi), el Consejo Nacional para la Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval) que junto al
Centro de Estudios Económicos del Sector Privado (CEESP) estiman que la inflación del 6.6
por ciento registrada el mes pasado es la más alta de los últimos 16 años,
añadido a la ineficiencia de los programas sociales de combate a la pobreza y
la reforma fiscal regresiva.
Si bien esto es grave y el Estado mexicano tiene
obligación de atender las necesidades que se derivan de está situación de
emergencia, es seguro que en la reconstrucción se impondrá el interés del gran
capital en las medidas que implemente el gobierno de Peña Nieto, quien le está
dando un gran protagonismo al Ejército y a los empresarios con el pretexto de
la ayuda a los damnificados y las tareas de rescate.
En Tonalá, Chiapas, Peña
hizo un llamado a que las empresas constructoras a “solidarizarse” con
los pueblos en desgracia, es decir para que vean en la necesidad ajena la
oportunidad para lucrar y hacer avanzar sus proyectos depredadores, como las
Zonas Económicas Especiales (ZEE) con las que se favorece la inversión de las
trasnacionales y la burguesía nacional con toda clase de incentivos fiscales y
leyes de excepción en materia de seguridad, laboral y ecológica.
La catástrofe natural y
sus repercusiones sociales y el estado de shock que afecta a la
población es una situación ideal para el avance de los proyectos capitalistas
que enfrentan la resistencia de la población, como ha venido ocurriendo en
Chiapas, Oaxaca y otras entidades que forman parte del proyecto para fragmentar
(balcanizar) el país mediante las mencionadas ZEE donde las trasnacionales
gringas, chinas, canadienses, etc. establecerán -si no se los impiden los
pueblos y los trabajadores - sus leyes para explotar más a los obreros y
obtener mayores tasas de ganancia.
La desastrosa situación económica que mantiene en la
pobreza a más del 50 por ciento de los mexicanos (y en una opulencia insultante
a la gran burguesía) se agudizará por la caída del consumo en Estados Unidos,
la incontrolable inflación, los recortes al gasto público y la caída en la
inversión decididos por la Secretaría de Hacienda, sumados a los riesgos de que
Donald Trump mande al carajo el Tratado de Libre Comercio (TLC) y provoque mayor incertidumbre.
Pero con TLC o sin él la lucha de clases habrá de
agudizarse en los próximos meses y años, mediante movilizaciones populares,
magisteriales y obreras, porque sin duda la destrucción de la agricultura
provocada por la política económica gubernamental, el TLC, la minería a cielo abierto, la
explotación petrolera, el narco y los
desastres naturales provocará más
escasez de alimentos e inflación.
Además en los meses que vienen la lucha por un “cambio” a
través de las elecciones será un factor de tensión que podría dar lugar a
estallidos sociales, ante la anunciada intención del PRI y sus aliados de
cometer un fraude orquestado desde el Instituto Nacional Electoral (INE) y los
aparatos de control con que cuentan el PRI, PAN, PRD, PV, MC; la burguesía
(CCE, Concanaco, Coparmex) los sindicatos charros, etc. tal como hicieron en el
Estado de México donde impusieron al primo de Peña, Alfredo del Mazo Maza.
En 2018 el país entrará en ebullición por la contienda
electoral por la presidencia de la
República, la jefatura de Gobierno de la capital, 128 senadores, 500 diputados
y muchos otros cargos de elección popular, sin que los trabajadores tengan un
partido propio, ni un candidato que los represente. Pero a menos que sean
masoquistas no deberían votar ni por el PRI, PAN, PRD, MC, PV (firmantes del
Pacto por México mediante el que se impusieron las reformas privatizadoras en
materia energética, educativa y de salud) y
organizarse de manera independiente para luchar también por mejores
salarios y condiciones de vida y un cambio de régimen socio económico.
Pero en la coyuntura concreta que se avecina
trabajadores, campesinos, estudiantes, etc. deberán decidir qué hacer con su
voto. Si venderlo al mejor postor o usarlo para echar al PRI y sus secuaces de
Los Pinos. Y claro, defender su voluntad ante el gigantesco mecanismo que ya
puso en marcha un gigantesco fraude electoral.